6 piezas de Teresa Hernández que debes conocer

Teresa Hernández en la Residencia La Espectacular con su concepto "Bravatas", 2018.

Teresa Hernández, artista del escenario reivindicadora de lo pequeño. Demoledora de etiquetas, híbrida, transdisciplinaria, una artista idiosincrática que ha construido su propio lenguaje pensando con el cuerpo, habitando espacios, nutriéndose de la escritura, los objetos, las luces, de cada elemento que se cruza en el camino.


“Cuando me preguntan qué yo soy, digo artista del escenario, manejo lenguajes, porque me distancio de actriz y bailarina por lo absoluto que pueden caer esos conceptos… Yo soy una artista que soy del cuerpo y el cuerpo como un todo, que incluye la palabra, los textos, la voz, el gesto, el movimiento, desplazamiento, la quietud", dijo en el 2012 en entrevista con Primera Hora en la víspera de la celebración de sus 20 años de carrera.


Discípula de Petra Bravo, Maritza Pérez Otero, Awilda Sterling, y de su constante colaboradora Viveca Vázquez, Teresa ha desempeñado un rol fundamental en las artes escénicas del país, rompiendo formas, cuestionando el status quo, denunciando los quebrantos políticos y culturales del país, el duro oficio de ser artista en Puerto Rico, y las contradicciones coloniales que asfixian e influyen en el diario vivir. A su vez, se ha mantenido activa, con estrenos, talleres y espacios de exploración, en los que sigue desarrollando su mirada y presencia.


"El trabajo con la organicidad y la integridad del cuerpo como un sistema complejo y multidimensional ha sido un foco constante en mi entrenamiento e investigación. Del escenario me interesa todo lo que pueda ocurrir ahí-desde la re/presentación hasta el vacío. Me provoca en el arte del escenario el virtuosismo del casi/nada: la línea divisoria entre lo real y el artificio", ha dicho.


Hoy compartimos con nuestra comunidad una muestra de esta trayectoria de casi 30 años, imparable en su curiosidad, su constante exploración, su disciplina, su rigurosidad



"Acceso controlado", 1995. (Instituto Hemisférico)

Acceso controlado

(1995)


En uno de sus primeros trabajos, Teresa adopta la estructura monologada para crear cinco personajes en Acceso controlado. Auxiliada por tres kurombos, al estilo del teatro oriental, se transforma en La Reina Isabel de Castilla, histérica, xenófoba, extraviada en un siglo que no comprende; la Teniente Cortés, una guardia de seguridad de condominio, sencilla y diligente; Milagros Vélez, una mujer solitaria y metódica, a quien la rutina lleva a “colgar las tenis”; Primera Plana, el chamaco encapuchado, que es detenido y llevado a un centro de reeducación, un ser que escucha hablar a los demás (la trabajadora social y el oficial Ortiz) pero que sólo se expresa a través del movimientos; y La Primera Dama, etérea y prima donna, lista para ejecutar su “solo operático en tiempos desafortunados”.


Así lo narra Vivian Martínez Tabares, editora de la Revista Conjunto, en el artículo "Teresa Hernández: artista de la acción, performera caribeña". "El trabajo de esta artista procesa a través de la imagen visual o sonora, viva o mediada, y proyecta con el cuerpo, o con los cuerpos en que es capaz de metamorfosearse, su lugar-en-el-mundo", escribió.


La pieza cobró vida en la Casa Aboy en Santurce, desde el espacio exterior, y algunos de estos personajes continuaron viviendo en Teresa por casi dos décadas.


Para ver la pieza: Instituto Hemisférico.

Teresa Hernández en "La nostalgia del quinqué... una huida", 1999. (Foto: Ricardo Alcaraz)

La nostalgia del quinqué... una huida

(1999)


Esta pieza explora y expone las ansiedades del Puerto Rico cotidiano transversalmente investigando temáticas de género, clase y raza. La crisis de identidad puertorriqueña y el colonialismo se refleja a través de tres hermanas: la Licenciada Perdóname (una representante de distrito), Pragma la continental (con su discurso de auto-ayuda que invita a los puertorriqueños a "trepar y progresar") y Perpetua (una sensual cantante "Pan-Latina"), que, con la ayuda de su asistente Lamento, destapa las complejidades políticas, socio-históricas y etno-culturales de "la condición puertorriqueña".


A su vez, una serie de "tableaux vivants" de la "Familia Puertorriqueña", interpretada por Magali Carrasquillo, Javier Cardona y Kairiana Núñez Santaliz, muestra la versión esteriotipada de la folklórica familia de jíbaros (campesinos) de la literatura costumbrista (que lidia con el tránsito de una sociedad rural a una sociedad industrial y urbana), en un choque tragicómico entre los anacronismos, la intolerancia auto-inflingida, y las políticas partidistas.


"Me gusta lo pequeño porque me da espacio para equivocarme. Es pequeño porque no entra en espacios “establecidos u oficiales”. Cómo hacer de eso algo de alcance, es la pregunta. Pero se escoge lo pequeño por homenaje a lo íntimo, porque permite el hacer, la pregunta incansable, el gozo de la imaginación y el control de las concesiones", escribió Teresa en el programa.


Para ver la pieza: Instituto Hemisférico.


"Salve la reina", 2005. (Foto: Ricardo Alcaraz)

Salve la reina

(2005)


En el Arsenal de la Puntilla, emerge la figura imponente de Teresa Hernández, vestida inagotablemente de reina emperatriz, asistida por sus colaboradores Puchi Platón y Javier Cardona, quienes irán develando las fracturas y desmembramientos de la metrópolis imperial, y de su inconsecuente prole, los estados/naciones/colonias/territorios caribeños.


"La Reina de Teresa Hernández, performera puertorriqueña, está en escena. Es el año 2005. La nación empolvada y vestida desde la gala que oculta su consunción insolente, hablando un lenguaje imperial inescrutable, estableciendo contraseñas herméticas que se transforman en el espacio y que nos permite a todos reconocernos como conspiradores Queremos que se calle. Queremos que se caiga de su torre. Queremos contestarle. Queremos matarla, o levantarnos e irnos. Recuperarnos. Nuestra tacha es que lo espectacular nos fija en la posicionalidad de espectadores, como público somos cómplices, como su muchedumbre esperamos y nos lanzamos a la risa", narra Dolores Aponte.


Lee la reseña/comentario: La evolución del esplendor: violenc ia y construcción de identidades en

Salve la Reina de Teresa Hernández (comentarios desde el palco).

Coraje II, 2012. (Foto: Ricardo Alcaraz)

Coraje II

(2013)


Arranca con la audiencia en el escenario. Coraje II es una pieza de teatro que explora la violencia urbana en un país sin una guerra declarada, pero cuyos ciudadanos están plagados por la paranoia generada por el sector de la seguridad. Este sector reprime a la fuerza la memoria de una nación militarizada que ha estado involucrada en múltiples guerras, cada una financiada por el mercado de armas.


"La realidad es que nosotros vivimos a golpe, como dice el poeta Gabriel Celaya. Somos un país golpeado y los golpes vienen de todos lados... Eso es lo que nosotros vivimos día a día y, entonces, lo paradójico de todo esto, para mí, es que yo estoy inundada de imágenes de guerra y a la vez vivo en un país en guerra que no ha querido y no quiere mirar desde ese lugar”, dijo Teresa en entrevista con Primera Hora.


La pieza fue resultado de una residencia artística que Teresa organizó con el director y artista peruano Miguel Rubio del Grupo Yuyachkani en el 2010. En esta, elaboró un nuevo proyecto basado en la propuesta Coraje, la cual estrenó en el 2009, y en la que trabajó, principalmente, con imágenes de la guerra. Este nuevo acercamiento se volcó en trabajar la violencia, tema que ha sido recurrente en su obra artística.


Para ver la pieza: Instituto Hemisférico.